Rubén Limas: Pobreza y Coronavirus

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La pobreza se ha definido no  solamente como un tema de ingresos, sino de acceso a servicios básicos como alimentación, vivienda, agua potable, educación, electricidad, asistencia sanitaria. También usted podrá ser considerado pobre, según el Banco Mundial, si gana menos de 3,10 dólares diarios. Estudios arrojaban que ya para el año 2018,  el 90% de los venezolanos no tenía ingresos suficientes para comprar alimentos y, por ende mucho menos para acceder a los servicios arriba mencionados.  Transitábamos en este duro camino y, nos llegó esta pandemia.

La pandemia ha obligado a todos los países a concentrar sus esfuerzos en medidas que reduzcan los contagios aplicando la cuarentena y el llamado distanciamiento social. Es la única política sanitaria disponible dado que aún no hay una vacuna, ni un tratamiento específico. Y es precisamente en nuestro país donde ha sido más difícil aplicar esta medida por las circunstancias que vivimos.

Esta crisis,  no nos ha revelado nada nuevo en cuanto a las brechas sociales. Por ejemplo, quienes viven del día a día, los que trabajan por su cuenta, se ven imposibilitados de guardar cuarentena. Ellos, por lo general, deben recurrir al transporte público y es más que obvio como esas unidades están atestadas de gente. Usar la mascarilla y guantes pierde mucha de su efectividad cuando se está como “sardina en lata”. Solo esto nos muestra el tamaño de la vulnerabilidad de los estratos socioeconómicos más bajos.

El gobierno anunció que suministraría una ayuda económica a los trabajadores a través del carnet de la patria y, por esa misma plataforma, se dispuso una encuesta para detectar casos sospechosos de Coronavirus, pues bien, además de las críticas que merece el Carnet de la Patria como un mecanismo perverso de control social, los beneficiarios necesitarían conexión a internet para poder acceder a esos programas. Los que menos tienen, presentan dificultades para acceder a un teléfono inteligente, a un computador y conexión adecuada a la red.

En esa misma disyuntiva están los estudiantes en familias de bajas recursos, que no ven con claridad como continuarán sus clases “en línea” sin internet y  sin señal. No solo se trata de recibir tareas, es también acceder a contenidos. Sin duda, los pobres tendrán más dificultades para acceder a la educación y la vida digna que solo el conocimiento es capaz de proporcionar.

El empleo también se convertirá en un reto. Muchas empresas estaban ya  cerrando por  su situación económica y ahora por la cuarentena. Sin trabajos y sin sueldos, los trabajadores están a merced de la precariedad. Los empleados en el sector privado, desde hace buen tiempo, estaban recibiendo sueldos más altos que en el sector público, el salario mínimo solo es una referencia para la administración pública, pero con la contracción económica que supone esta crisis, muchas personas pasarán a requerir asistencia pública para sobrevivir. La capacidad financiera de éste régimen cada vez  es ínfima y, por tanto, habrá más hambre. La recesión económica del mundo, la caída de los precios petroleros, además del obligado distanciamiento social, quien sabe hasta cuándo, harán mella aún más en nuestra ya maltrecha economía.

Los pobres entre los pobres, padecerán lo indecible con más ensañamiento, maltrato, violencia, abuso y explotación sexual. ¡Son algunas de las plagas que dejarán más víctimas que el Coronavirus! Precisamente porque en coyunturas difíciles la cuerda revienta por lo más delgado.

El Ministro de Salud de  Italia dijo: “La próxima fase será donde tendremos que aprender a convivir con el coronavirus porque no va a desaparecer. Tenemos que repensar cómo organizamos nuestra vida social, nuestras industrias y nuestro sistema sanitario. El proceso será muy gradual». ¡Imagínense ustedes, lo que tendremos que vivir! En las actuales condiciones de legitimidad y legalidad de este desgobierno, no hay como afrontar los desafíos por la pobreza y el agravante del Coronavirus. No es solo cuarentena, es su economía y la supervivencia de inmensos sectores el país.

Solo una democracia es consciente y competente para entender que la pobreza, más que la falta de efectivo e inmediatez de  comida, también implica la falta de acceso a servicios básicos. Las dictaduras pretenden, por su cuadrúpeda naturaleza, demoler la individualidad pero solo la explosión creativa de la individualidad produce sociedades humanas satisfactorias, libres, prósperas, solidarias y humanas. Ese es el camino, una Venezuela libre y democrática, para vencer estas dos plagas que hoy nos agobian. ¡Y lo vamos a lograr!

Rubén Limas